Estaba atrasada, tomé la 104 en La Florida con Walter Martínez.
El bus no pasaba hace rato porque iba lleno. Quedé en las escaleras al subir, afirmándome de la puerta. La gente se veía molesta, el conductor transpirado gritaba: “ya pues, vamos corriéndonos pa´tras” y todos hacíamos nuestro mejor esfuerzo, con nuestra peor cara. De repente se cruza un taxi y el conductor debe frenar a fondo, tan fuerte que la gente salió disparada por el pasillo, arrasó con los barrotes, se rompieron las ventanas y quedamos todos apretados junto al conductor.
El taxi se alejó como si nada.
