Mi niña se ha quedado dormida y ha cerrado sus ojos.
No fue la muerte quien se los cerró, sino que la envidia de un amor compartido
No fue la muerte quien la durmió, sino una madre que, por rabia, por envidia, y poquito a poco de mi lado la quitó.
Ella, tan dulce, tan tierna, ya no sabe quien soy
Ella, tan dulce, tan tierna, ya no recuerda mi nombre ni mi olor
Mientras más tiempo pase, mi niña olvidará cuanto amor le entregué,
mi pequeña flor irá olvidando el amor infinito que su tía le regaló,
irá olvidando esa primavera cuando llegó y como con su luz llenó de brillo mi corazón
Mi niña ha cerrado los ojos,
tan bellos, tan dulces
que cuando los abra, no estaré ahí para que mire los míos.
