Todas íbamos a ser reinas,
decía la poesía.
Pero algunas no tendrían corona,
eso nadie lo sabía.

Las reinas sin corona
viven sumidas en la melancolía
pero,
tampoco eso se sabía.

Yo, nací sin corona,
las otras...ya la tenían.

He vivido mi vida
lo mejor que he podido,
pero es triste darse cuenta que,
no hay peor castigo
que estar muerta
caminando entre vivos.

Diciembre, 2007